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Mostrando entradas de diciembre, 2010

Escenario

Lo preparó todo. La casa, quiero decir. Preparó la casa para el gran momento. Se pasó la vida entera arreglando esa habitación en la que no dormía nadie. Compró una colcha rosa de satén y muebles estilo imperio. Cada día le pasaba la fregona al suelo y limpiaba el polvo del espejo y las figuritas de porcelana. Ella no vivía allí. Ella vivía más adentro, en la habitación vieja que estaba junto al patio, la habitación con bacinilla debajo de la cama y mantas raídas. La habitación de los armarios con ropa, del tocador con botes de Barón Dandy del abuelo. El día antes de su muerte pidió que la lavaran, que le pusieran un camisón limpio y que la llevaran al "cuarto museo" (así es como llamaban sus hijos a aquel cuarto donde nadie podía dormir). La lavaron, le pusieron el camisón limpio y la sentaron en una silla. La cogieron entre todos, como a una reina, y la llevaron hasta la cama de la colcha rosa. La acostaron. Al día siguiente había muerto. Justo donde quería. Justo como quería…

Hasta aquí

A veces pienso que hasta aquí está bien. Quiero decir, que he cumplido, que ya está el trabajo terminado, los deberes hechos, las cosas en su sitio. Y pienso ¿y si muero ahora?, ahora justo antes de empezar algo nuevo, cargarme con nuevos deberes o descolocar las cosas. Es decir, que hasta aquí he llegado y no está mal, y he sido feliz y desgraciada (muchas veces las dos cosas juntas) y he viajado y he escrito y he querido y me han querido. He aprendido cosas y otras muchas las he olvidado. ¿Por qué volver a empezar todo de nuevo? ¿por qué volver a estar insegura, a meter la pata, a decir frases cuando no toca y a afirmar algo justo para esconder lo contrario? Pienso en que un coche me atropelle, en una muerte rápida, en la inanición o los siempre socorridos ataques al corazón o derrames cerebrales. Luego pienso que para eso habría que estar más viva de lo que yo estoy, habría que aferrarse a algo, habría que tener algo a medias, no ver el "hasta aquí" tan casi siempre. Lo pi…

Red social

Desde que tengo facebook casi no escribo aquí. El blog, como todo jardín, es secreto. Es como un pacto tácito entre vosotros y yo para que leáis mi diario a escondidas. El facebook es distinto. Tengo que mostrar la imagen, tengo que preparar la marca "sibisse" como si fuera Cocacola o Luke Strike. Creo que es mejor el facebook para mí, para curarme poco a poco de mi exhibicionismo, de contar la sangre de mi regla o que lloro cuando no debo o que tengo miedo de la vida en general y de la mía en particular. Sí, creo que es más sano, más civilizado, que me crea menos problemas y me vuelve más presentable. Una debería escribir de cosas que no tengan nada que ver con ella, o que, si tienen que ver con ella, que esté tan construido que nadie pueda darse cuenta. Sí. Eso es lo que se debe hacer. Así se escriben las novelas y también, aunque no lo parezca, los libros de poemas. Todo lo que la gente lee luego. Sin embargo me parte el corazón mirar el jardín tan abandonado y sé firmemente…

Querer

Quiero tener un perro. Como quise tener un gato y luego me deshice de él. Como a veces quiero tener niños y otras me dan casi repelús. Quiero tener un perro por todas las egoístas razones por las que todo el mundo quiere tener perros. Para que me quiera, para que cuide de mí, para que me proteja, para que se coma la comida que yo le doy y me traiga la pelota que yo le lanzo. Luego pienso que es bueno, no tener perros, ni niños, ni gatos, ni nada a lo que poder abandonar.

Limpieza

Estoy completamente limpia. El pelo y los sobacos. Las manos y las uñas. Limpieza que huele a verbena, a desodorante. Limpios también los dientes y los pies. Limpias las piernas, el suelo donde piso, el lugar que me habita. A veces no encuentro bien las cosas bajo la pátina de pulcritud, pero no me podréis echar en cara ni un solo pelo fuera de su sitio. La limpieza no tiene límites.