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Mostrando entradas de 2011

Contrarios

He dejado de creer en la síntesis, la necesaria y tranquilizante superación que mueve la historia. Ahora sólo creo en los contrarios, en el amor y el odio, sin sentimiento que los sublime. Sólo hay dualidades, no existe la lógica difusa, ni las medio verdades y medio mentiras. Existe lo absoluto, en permanente lucha con la nada. Una vez dicho esto es hora de amar o de odiar completamente, elegir negro o blanco sin vergüenza ni arrepentimiento. La tibieza inocente ya no está permitida. Ha quedado fuera de juego.

Patria

Yo nunca tuve patria, pobrecita. Tuve desde la infancia que descubrir ciudades desoladas, campos de concentración, no lugares como el intercambiador de autobuses o el aeropuerto. Tuve un solo peluche, naranja y amoroso, del que me deshice lo más pronto posible. Y así me deshice también de los pañales, de los juegos de niños, de enciclopedias, porque acumular es lo que nos llevó al desastre. Guardo, eso sí, libretas. Fieles testigos de lo que ocurre, no vaya a ser que un día me olvide de quién soy. Un ser sin patria, como yo, se olvida fácilmente de quién es, pues ningún sello de identidad avala su reflejo. Me miro y pienso en el mar, inconsciente e inevitablemente. Dejo los textos a la mitad, para evitar descubrir alguna verdad que cambie demasiado las cosas. Hay que saber parar a tiempo. Cuando nací me enseñaron un idioma diferente, uno que casi nadie habla, un idioma de viejos y tertulias. Ese idioma no sirve para vivir. Sirve para escribir, y no siempre. Sirve para quedarse a sola…

Cortacésped

Poema para insomnes
Se echó a dormir sobre un martillo y un cortacésped
--objetos diseñados para preceder a la comodidad, no para acompañarla--
y tuvo sueños leves, como de amapola.
Soñó con un desierto que se convertía
en avión que se convertía en un pedazo de carne.
La duermevela le ayudaba a recordar,
a instalarse en el espacio de lo que sí
existe, de las manos y el café y el
hilo dental.
No quiso despertar del sueño, porque no era sueño
del todo, y se daba cuenta de que si despertaba, si por casualidad se le ocurriera despertar, entonces
el sueño nunca lo abandonaría, y seguiría él mismo caminando por desiertos y aviones y pedazos
de carne, convertidos en sandalias, alamedas, autopistas.
Tenía que esperar a que el sueño fuera más profundo, a gusanos y monstruos
y huidas y mundos circulares, para que existiera la diferencia no sutil. Tendría
que dormir sobre almohadas, sofás, sillones tapizados, con las persianas bajadas y grillos tarareando canciones de cuna... para despertar del …

Haikus de los Carrizales II

Hojas de té tras seis atardeceres olor a hinojo.






Haikus de los Carrizales I

La mariposa da a la roca negra fragilidad




El beneficio de la luz

La claridad es total de este lado
hay pocas sombras, aprovechan
los huecos que deja el sol en
cenital perpetuo.
Los ojos se acobardan del veneno lechoso,
¡el hombre ha conquistado por fin la fotofobia!
Y ama la vela, el rojo, las cortinas,
el fondo oscuro de las cosas.
El hombre aprenderá,
cuando sea de noche,
a respetar la ausencia de cristales tintados,
a descubrir los ojos ante el sol, como la hermosa dama se descubre
ante el guerrero tenaz que la ha ganado.
El ojo gana el sol y lo desprecia
el sol da luz la hombre y lo aniquila.
A este lado del mundo se ven colores pálidos,
comidos por el astro persistente.
El sol se inclina y deja
abandonado al hombre tras su paso.


(A Charo, que me hizo comer sol)

Sonido

La palabra nunca debió alejarse de su sonido. Esa es su verdadera forma. La forma de las palabras es el sonido y no el dibujo, es la voz humana que pronuncia, que gesticula, que da aliento a lo inerte. Flaubert pronunciaba cada una de las frases de sus novelas en voz alta para ver cómo sonaban, para ver si no fallaba su prosa, pues la prosa también tiene su música. Es una música más monótona, más tenue, más vulgar si se quiere que la de la poesía pero sigue siendo música.  Tendríamos que leer en voz alta. Escucharnos. Escuchar las palabras en la boca de otros y en la propia. Las palabras que una escribe y las palabras que una se encuentra por ahí, los cuentos, los poemas, pero sobre todo los artículos de periódico, las reseñas, los post, los mails, la palabra cotidiana. Pronunciar esas palabras que forman el idioma en el que vivimos, como quien vive en una piel que no conoce.  Durante algún tiempo estuve yendo a un bar de Madrid donde hacían jam sessions de poesía. La mayoría de los …

La calle Manso

Casi toda mi vida la pasé en la calle Manso, una calle discreta del Barrio la Arena de Gijón. La calle desemboca por un lado en la playa y por el otro en el parque, así que cabría inferir que es una calle hermosa, ya fuera esa hermosura alegre o melancólica. Sin embargo la calle Manso vive de espaldas a las dos cosas, tanto a la playa como al parque, encerrada en sí misma y con su centro de placitas pequeñas y desembocadura en un videoclub. Aunque sea recta, la calle Manso tiene forma de embudo, pues camines hacia donde camines siempre acabas en el escaparate de ese videoclub, como si fuera la única salida. Tiene la calle Manso lugares claros, como el Telepizza de la esquina y la escalera de escalones anchos que subía de pequeña a toda prisa para poder bajarla a un escalón por salto (creo que me empecé a hacer mayor en el momento en que ya no me hacía gracia este juego, tal vez por que mi cuerpo ya no tenía la medida de los escalones o porque era en realidad una pérdida de tiempo, un …

Kindle

Vosotros no lo entendéis, porque para vosotros los libros nunca fueron un problema. Vuestros hogares no estaban forrados con estanterías metálicas que contenían dos o tres filas de novelas, colecciones, enciclopedias, poemarios, ensayos, libros de texto, guías de salud y manuales de autoayuda. No podéis entenderlo porque los libros estaban fuera de casa, como pequeños objetos de deseo, como joyas a las que ir accediendo poco a poco. No llegaríais a comprenderlo nunca, porque para vosotros es un sacrilegio deshacerse de libros, venderlos, tirarlos a la basura, pintarlos, romperlos, destruirlos. Por eso no os voy a pedir que lo entendáis, que entendáis el peso de todos esos libros, la culpabilidad avant la lètre porque sabía que nunca tendría tiempo de leerlos todos, que era una tarea que iba a ocupar más vidas que la mía, lo titánico de la tarea de pasar cada una de las páginas, pues sabía que una página era bien poco comparado con la cantidad de hojas impresas que había dentro de la c…

Resiliencia

La resiliencia es la capacidad que tienen las personas para sobreponerse a los desastres, a los engaños, a las decepciones, a los dolores no físicos de la existencia humana. Según dicen los últimos estudios científicos cuando el cerebro sufre una pena enorme o una alegría enorme no pasa de repente a estar más triste o más feliz sino que, una vez superado el shock, vuelve al estado anterior a la noticia. También hay resiliencia para sobreponerse a loterías y golpes súbitos de suerte. El ser humano no puede vivir a trozos, con finales y principios, con etapas tristes y etapas alegres, el ser humano es alegre o triste y siempre lo será, ocurra lo que ocurra. Eso dicen. Suelen tener razón. Lo cierto es que nos sobreponemos con bastante elegancia a casi todo. Sin embargo he visto vidas rotas, he visto vidas que nunca jamás volvieron al momento justo anterior al desastre. He visto personas sin resiliencia, o más bien acontecimientos tan enormes que se han comido cualquier resilencia posible…

Trajes

La ciudad se ha llenado de corbatas. Señores con traje y camisas a rayas y teléfonos móviles y tarjetas de visita se afanan por entrar en los edificios, hablar con los vecinos, dar su experta opinión y ofrecer su no demasiado desinteresada ayuda. Son tipos que normalmente no ves por las calles, que están a salvo en sus madrigueras, en sus despachos, detrás de sus ordenadores, o dirigiendo nuevas y flamantes construcciones. Son los símbolos de una época, del alegre boom del ladrillo. Arquitectos, aparejadores, diseñadores... son los que construyeron rápido y mal los edificios que ahora se derrumban. Son los que aparecen para llenar la ciudad de puntales de colores, y después más cemento, y más ladrillo. Son aquellos a los que se les escapó una sonrisa cuando escucharon la tierra crujir. Un promotor de Lorca se enfunda un chaleco y se arma con un spray verde para declarar habitables todos sus edificios. El trabajo de las alimañas es duro y delicado al mismo tiempo. No descansan, no se d…

Normalidad

Poco a poco volvemos a la normalidad. La ciudad se separa en dos, los refugiados y los habitantes, el recinto cada vez tiene más vigilancia. Cuando el barco se hunde las ratas lo abandonan, pero los piojos llegan. Personas que vienen aquí a por comida gratis, que roban a los que tienen al lado, que mienten o al menos no dicen toda la verdad. El Huerto de la Rueda es una cárcel, un recinto con sus propias normas, sus jerarquías, sus códigos. Aún no he visto a los niños de Gertrudis. No sé si es por casualidad o porque en realidad no están allí. Ya no sé a quién creer. Hay cosas que me dice que me suenan raras. Le ofrecen una casa en Calabardina. Dice que su marido no puede llegar a trabajar desde allí. Prefiere quedarse bajo un plástico con toda su familia. Lo malo de ser una víctima es que empiezas a pensar como víctima, y este pensamiento no beneficia a nadie (y menos a uno mismo). Vuelvo a la oficina. Llegan los leonardo. Nos reunimos, decidimos qué hacer. Corrado no quiere sentirse …

G. de Gertrudis

Ella se llama Gertrudis como su abuela. Su hija se llama Libertad como nadie antes en su familia. Su padre estuvo a punto de llamarla Violeta, como las flores o el color. La conocí por el tema de Biblioteca Viviente y en una cerveza empezamos a hablar como hablan las amigas, sin secretos y con lágrimas. Me contó historias tristes e historias de fantasmas, le conté lo que solía contar antes de que fuera peligroso o impropio compartir alegremente mi vida. Lo cierto es que no pensé en los libros-persona hasta que me llamó Abdelhadi, el Imam de mirada serena que hizo varias excepciones a la regla coránica para saludarme propiamente con dos besos. Recordé que aquella Biblioteca fue especial, no por los lectores ni por el éxito del proyecto, sino porque se juntaron en un mismo lugar energías profundas de personas distintas. Gertrudis era una de esas personas y cuando me llamó Abdel pensé en ella. Ahora está en el Huerto de la Rueda, en el campamento de Cruz Roja. Ha perdido su casa. Una no …

Epicentro

Hay instantes que rompen la vida para siempre, la separan en dos, crean un antes y un después, detienen e interrumpen el devenir tranquilo de la historia. No son muertes, ni batallas, ni largas agonías; son instantes que duran dos segundos, pero que lo cambian todo.
En esos momentos no te arrepientes, no deseas, no te preocupas por nada ni por nadie, ni tan siquiera por ti misma. Son momentos que se imponen como presente, que no dejan tiempo a narración, a que suceda nada, que vives y punto, aquí y ahora, sin más allá.
Las historias vienen después, los llantos, las ayudas, el miedo en los ojos de los niños, las ambulancias, las familias quebradas, la solidaridad o los abrazos.
Cuando llegó el primer terremoto seguí haciendo mi vida normal. Un par de vasos rotos. Nada grave. M. se iba a duchar y yo salí de casa. Hablaba por teléfono con mi tío, charlas sobre planes farónicos y camisetas.
Cuando llegó el segundo terremoto bajé el móvil. Grité ¡ostia!¡ostia!¡ostia! tres veces, como una invoc…

La ciudad y su doble

La luz clara. Los museos. Los viajes en el metro. La agradable sensación de estar en un lugar que no controlas. El beneficio de la duda. Los placeres del descubrimiento. Barcelona es un lugar amable a los turistas. Fuimos a cenar la primera noche al Raval. El lugar de moda. Ricos bocatas. Buen precio. Largas colas. Modernos. Arte en las paredes. El Raval. Un lugar tan sórdido que me alegré de ir de la mano de un hombre (aunque no me alegré de alegrarme). Se lo había preguntado a G. hacía unos días, que cual había sido la experiencia más dura de su vida. Fue una pregunta egoísta y me dio una respuesta generosa, una respuesta que me dejó intranquila por la noche, pensando en fantasmas y en lugares oscuros. G. me habló del Raval. Me dijo que allí los viejos se follaban a niños por diez euros. Muchas veces los violaban. Ella lo vio una vez. Cogió una botella y le pegó al hombre. Hombres serios, de la alta sociedad, con buenas familias y buenos trabajos (justo como el que está ahí leyendo el…

Cambio

Un cambio siempre exige una explicación. No puedes aparecer con falda cuando toda la vida habías llevado pantalones ni raparte la cabeza sin unas pocas palabras de consuelo para quienes ya se habían acostumbrado a una imagen de ti, a pensarte con los cuatro trazos de todos los días. Sin embargo las explicaciones no suelen ser demasiado verdaderas (poco a poco me acostumbro a que la verdad tenga diferentes grados). Por eso me las ahorraré. Acá está el nuevo jardín. Puede usted hacer picnics en él, o taichi o el saludo al sol.
Su jardín es suyo. Procure no olvidarlo.

Mi amigo

Mato pequeños enemigos de plástico.Mi amigo se va a la guerra. Acabo con ejércitos de monstruos, de aliens, de fantasmas. Tiro los dados. Mi suerte está echada, mi suerte y mi destino. En una semana mi amigo cogerá un avión aterrizará en Afganistán, se vestirá de militar, no sé que hará después, porque no sé lo que se hace en una guerra. Sé que robo cartas, coloco fichas, aprendo mecánicas y trazo estrategias. Probablemente recogerá cadáveres.
Mi amigo, en la guerra dice que cada persona es una cruz observo mi tablero veo cruces también en él, veo ejércitos de plomo que se sacrificarán por mí, por su bandera, por ganar a los malos. Toda confrontación es parecida la guerra de mi amigo mi guerra de encima de la mesa la guerra de juguete y la de morir. Escucho atentamente. Mi amigo se despide dice que me llamará desde la guerra.
Después, termino la partida.


Reelaboración

Os cuento un poema, una reelaboración de una vieja frase, el único poema que ha logrado un espacio en mi libreta recién terminada. Dice así:
EXTRANJERA Me decís extranjera porque he venido hasta aquí porque entre yo y vosotros media un autobús, un tren, un avión, un billete, porque me quedo tiempos limitados, porque tengo siempre a alguien que me importa a la distancia de una carta o de una llamada de teléfono.
Me preguntáis mi nombre y cómo se pronuncia me decís que tengo acento del norte, o del sur, o de Cuba, o de Venezuela, que parezco rusa, africana, española, francesa, que no tengo rasgos de por acá.
No soy ningún espejo para vuestras miradas, no me parezco a ningún familiar, a nadie de quien estéis secreta y atrozmente enamorados. Guardo en una maleta debajo de la cama la bragas y los libros, los papeles a medio revisar, las recetas del médico.
No importa dónde esté, siempre parece que he llegado de lejos, de algún lugar que no conoce nadie y que me marcharé también muy lejos a algún lugar que nadie c…

Ellos

Me tranquilizaba que estuvieran juntos. El mundo había hecho "click". C, la que me guió de la infancia a la adolescencia aquel verano de Lolita, la que educó mi vago romanticismo infantil hacia los sentimientos con los que habría de encontrarme más tarde... y N, el que me hizo adulta, el de después de la muerte, el hermano de mi compañero de clase, el que me hizo dejar de pelearme con el olor agrio que desprendes cuando estás muy triste. Por eso me hacía feliz que estuvieran juntos, porque N podría enseñarle a C a dejar de tener miedo de parecer una niña y C... bueno, C podría enseñarle a N a sobrevivir (que en su caso no es poco). Olvidé que los amores grandes generan grandes desastres, o que no existe un "y comieron perdices" al final de cada cuento, o que dos seres que esperan tanto de la vida necesariamente serán decepcionantes y decepcionados. Olvidé que dos mundos construidos tan complejamente pueden tocarse, pero jamás pueden unirse. Olvidé que cuando dos pa…

El Vino

Tenerife es tierra de vino. De la poca tierra habitable que hay, la mitad la ocupan personas y la otra mitad la ocupan las uvas. Uvas blancas y negras, con polvo amarillento de azufre para que no se las coman los bichos. Acres enteros de parras y empresas que fermentan la uva de forma tradicional o moderna. Siempre se come con una botella de vino en medio de la mesa, con un vaso de vino delante de tu plato. No importa lo pobre que seas o lo malo que sea el vino, antes te faltaría tu plato de comida que tu vaso. El vino es imprescindible, es la condición que impone la isla para vivir en ella. Aún no conozco a ningún isleño que no sea propenso a las borracheras, que no beba vino con naturalidad telúrica. No sé por qué no me di cuenta hasta ahora, quizá porque por primera vez pisé la isla como extranjera, como una turista que se sorprende de las costumbres de los habitantes. Es una tierra hermosa, Tenerife, el olor embriagante de los árboles se mezcla con la brisa del océano, los azules s…

Consejos

Un gran consejo me daba mi madre:No intentes conseguir que todo el mundo te quiera, es imposible.
Un gran consejo me daba mi padre: Tienes que perder la importancia personal.
Tan grande como estoy y sigo sin saber hacerles caso

Postdata

Encontré las viejas botas de ante verde de mamá. Son las mismas que una vez pensé en arrojar al Sena, a modo de homenaje o digna despedida, las mismas de las que pensé deshacerme mil veces y de mil maneras distintas. Las mismas que han resistido cuatro mudanzas y se mantienen en pie. Si nadie lo remedia entiérrame con esas botas. Será su triunfo. Será mi fracaso. Me reiré desde la tumba.

Trastero

A veces es bueno dejar las cosas en el trastero, dejar que vivan para siempre en sus cajas, arrebujadas unas con otras, los calcetines en medio de los libros y los recuerdos manchados por algún frasco que se acaba de derramar. Pero no. La tentación era demasiado grande. La tentación de recuperar todo lo que he sido, lo que significó mi vida antes, lo que aprendí en los libros y los regalos que me hicieron los amigos pensando en mí. Rescaté mi vieja sudadera de andar por casa, el olor rancio a rosas del ambientador que se me pegó al jersey y no hubo forma de no estar mareada todo el día. Puertas a los fantasmas. Eso es lo que son. De repente siento como que estoy de nuevo en el punto de partido, en el punto "empezar a construir" que en mi caso tantas veces significa "empezar a destruir". Tengo miles de mails por contestar, mails de viejos amigos que preguntan cómo estás y qué tal te va la vida. Mails que no puedo ponerme a escribir porque no sé si todavía sé escribir…

Lavar la cara

Nunca daba órdenes. Nos dejaba ver la tele mientras comíamos, atiborrarnos de golosinas o acostarnos tarde. Había muy pocas cosas que le molestaran de veras y menos aún cuya molestia se atrevía a comunicarnos a modo de consejo o de advertencia. Estas advertencias se reducían a dos: "cierra la boquina" al salir del cine y "lavate la cara" nada más levantarnos. No podía soportar mirarnos con el sueño pegado a los ojos, era como si no estuviéramos completamente despiertas y él no pudiera hablar con una persona que aún permaneciera en el territorio de la noche. El sueño era sagrado. No se podía interrumpir la siesta de nadie y era de los padres que te ponen la manta por los pies cuando te quedas dormida en el sofá, pero al sueño no le estaba permitido conquistar la vida, se tenía que ir por el desagüe una vez abiertos los ojos.
Siempre que me levanto me lavo la cara. Cuando alguien te da pocos consejos intentas seguirlos todos. Con el agua más fría posible, aunque duela…

La ley

Lo bueno --pensaba-- de la ley antitabaco es que podría entrar en un bar y volver a casa intacta. Es decir, volver a casa oliendo a perfume de la Quinta Avenida, un perfume que no molesta a nadie. Recordaba Irlanda, y los pubs irlandeses, y pintas de Guinness y mi actitud sagrada y beatífica. Recordaba volver a casa tan limpia como había salido, sin un ápice de humo en los tejidos de mi cuerpo o mi ropa. España no es así. Una piensa que las leyes pueden cambiar las cosas, que pueden hacer de la noche algo limpio y puro, algo que no te deje huella de "hueles a tabaco". Pero no, no importa que fumar esté prohibido, no importa que expulsen del paraíso a los que se encienden un cigarro. Pase lo que pase y vayas donde vayas, vuelves a casa oliendo igual de mal que antes. Vuelves a casa teniendo que desnudarte en el pasillo y tienes que tirar jersey y camiseta al cesto de la ropa sucia sin hacer comprobaciones. A un país no lo cambian sus leyes, a un país lo cambian sus espacios, s…

El porqué de las cosas

Basta escribirlo para que se desvanezca, para que deje de revolver las tripas. Coger un lápiz y dejarlo rodar papel abajo. Es suficiente. Escribir y no llorar, ni gritar, ni decir nada fuera del tono o la esperanza. Aprender a vivir a base de narrar la propia historia, como si la narración justificara de alguna manera momentos y errores cometidos. La narración permite enemigos y lucha, confrontación, heroísmo. La vida ha de (habría de) ser más fácil, más natural, menos intensamente venenosa. Dibujo así el contorno de los fantasmas. Los fantasmas que asolan esta tierra de hombres, los fantasmas que están aquí desde antes que llegara, que permanecen pese a la luz, la dicha o la ternura. Escribo. Dibujo un manual de instrucciones, una vida tremenda, una dignidad que a veces falta.