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Mostrando entradas de marzo, 2011

Mi amigo

Mato pequeños enemigos de plástico.Mi amigo se va a la guerra. Acabo con ejércitos de monstruos, de aliens, de fantasmas. Tiro los dados. Mi suerte está echada, mi suerte y mi destino. En una semana mi amigo cogerá un avión aterrizará en Afganistán, se vestirá de militar, no sé que hará después, porque no sé lo que se hace en una guerra. Sé que robo cartas, coloco fichas, aprendo mecánicas y trazo estrategias. Probablemente recogerá cadáveres.
Mi amigo, en la guerra dice que cada persona es una cruz observo mi tablero veo cruces también en él, veo ejércitos de plomo que se sacrificarán por mí, por su bandera, por ganar a los malos. Toda confrontación es parecida la guerra de mi amigo mi guerra de encima de la mesa la guerra de juguete y la de morir. Escucho atentamente. Mi amigo se despide dice que me llamará desde la guerra.
Después, termino la partida.


Reelaboración

Os cuento un poema, una reelaboración de una vieja frase, el único poema que ha logrado un espacio en mi libreta recién terminada. Dice así:
EXTRANJERA Me decís extranjera porque he venido hasta aquí porque entre yo y vosotros media un autobús, un tren, un avión, un billete, porque me quedo tiempos limitados, porque tengo siempre a alguien que me importa a la distancia de una carta o de una llamada de teléfono.
Me preguntáis mi nombre y cómo se pronuncia me decís que tengo acento del norte, o del sur, o de Cuba, o de Venezuela, que parezco rusa, africana, española, francesa, que no tengo rasgos de por acá.
No soy ningún espejo para vuestras miradas, no me parezco a ningún familiar, a nadie de quien estéis secreta y atrozmente enamorados. Guardo en una maleta debajo de la cama la bragas y los libros, los papeles a medio revisar, las recetas del médico.
No importa dónde esté, siempre parece que he llegado de lejos, de algún lugar que no conoce nadie y que me marcharé también muy lejos a algún lugar que nadie c…

Ellos

Me tranquilizaba que estuvieran juntos. El mundo había hecho "click". C, la que me guió de la infancia a la adolescencia aquel verano de Lolita, la que educó mi vago romanticismo infantil hacia los sentimientos con los que habría de encontrarme más tarde... y N, el que me hizo adulta, el de después de la muerte, el hermano de mi compañero de clase, el que me hizo dejar de pelearme con el olor agrio que desprendes cuando estás muy triste. Por eso me hacía feliz que estuvieran juntos, porque N podría enseñarle a C a dejar de tener miedo de parecer una niña y C... bueno, C podría enseñarle a N a sobrevivir (que en su caso no es poco). Olvidé que los amores grandes generan grandes desastres, o que no existe un "y comieron perdices" al final de cada cuento, o que dos seres que esperan tanto de la vida necesariamente serán decepcionantes y decepcionados. Olvidé que dos mundos construidos tan complejamente pueden tocarse, pero jamás pueden unirse. Olvidé que cuando dos pa…

El Vino

Tenerife es tierra de vino. De la poca tierra habitable que hay, la mitad la ocupan personas y la otra mitad la ocupan las uvas. Uvas blancas y negras, con polvo amarillento de azufre para que no se las coman los bichos. Acres enteros de parras y empresas que fermentan la uva de forma tradicional o moderna. Siempre se come con una botella de vino en medio de la mesa, con un vaso de vino delante de tu plato. No importa lo pobre que seas o lo malo que sea el vino, antes te faltaría tu plato de comida que tu vaso. El vino es imprescindible, es la condición que impone la isla para vivir en ella. Aún no conozco a ningún isleño que no sea propenso a las borracheras, que no beba vino con naturalidad telúrica. No sé por qué no me di cuenta hasta ahora, quizá porque por primera vez pisé la isla como extranjera, como una turista que se sorprende de las costumbres de los habitantes. Es una tierra hermosa, Tenerife, el olor embriagante de los árboles se mezcla con la brisa del océano, los azules s…

Consejos

Un gran consejo me daba mi madre:No intentes conseguir que todo el mundo te quiera, es imposible.
Un gran consejo me daba mi padre: Tienes que perder la importancia personal.
Tan grande como estoy y sigo sin saber hacerles caso

Postdata

Encontré las viejas botas de ante verde de mamá. Son las mismas que una vez pensé en arrojar al Sena, a modo de homenaje o digna despedida, las mismas de las que pensé deshacerme mil veces y de mil maneras distintas. Las mismas que han resistido cuatro mudanzas y se mantienen en pie. Si nadie lo remedia entiérrame con esas botas. Será su triunfo. Será mi fracaso. Me reiré desde la tumba.

Trastero

A veces es bueno dejar las cosas en el trastero, dejar que vivan para siempre en sus cajas, arrebujadas unas con otras, los calcetines en medio de los libros y los recuerdos manchados por algún frasco que se acaba de derramar. Pero no. La tentación era demasiado grande. La tentación de recuperar todo lo que he sido, lo que significó mi vida antes, lo que aprendí en los libros y los regalos que me hicieron los amigos pensando en mí. Rescaté mi vieja sudadera de andar por casa, el olor rancio a rosas del ambientador que se me pegó al jersey y no hubo forma de no estar mareada todo el día. Puertas a los fantasmas. Eso es lo que son. De repente siento como que estoy de nuevo en el punto de partido, en el punto "empezar a construir" que en mi caso tantas veces significa "empezar a destruir". Tengo miles de mails por contestar, mails de viejos amigos que preguntan cómo estás y qué tal te va la vida. Mails que no puedo ponerme a escribir porque no sé si todavía sé escribir…

Lavar la cara

Nunca daba órdenes. Nos dejaba ver la tele mientras comíamos, atiborrarnos de golosinas o acostarnos tarde. Había muy pocas cosas que le molestaran de veras y menos aún cuya molestia se atrevía a comunicarnos a modo de consejo o de advertencia. Estas advertencias se reducían a dos: "cierra la boquina" al salir del cine y "lavate la cara" nada más levantarnos. No podía soportar mirarnos con el sueño pegado a los ojos, era como si no estuviéramos completamente despiertas y él no pudiera hablar con una persona que aún permaneciera en el territorio de la noche. El sueño era sagrado. No se podía interrumpir la siesta de nadie y era de los padres que te ponen la manta por los pies cuando te quedas dormida en el sofá, pero al sueño no le estaba permitido conquistar la vida, se tenía que ir por el desagüe una vez abiertos los ojos.
Siempre que me levanto me lavo la cara. Cuando alguien te da pocos consejos intentas seguirlos todos. Con el agua más fría posible, aunque duela…