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Trastero

A veces es bueno dejar las cosas en el trastero, dejar que vivan para siempre en sus cajas, arrebujadas unas con otras, los calcetines en medio de los libros y los recuerdos manchados por algún frasco que se acaba de derramar. Pero no. La tentación era demasiado grande. La tentación de recuperar todo lo que he sido, lo que significó mi vida antes, lo que aprendí en los libros y los regalos que me hicieron los amigos pensando en mí. Rescaté mi vieja sudadera de andar por casa, el olor rancio a rosas del ambientador que se me pegó al jersey y no hubo forma de no estar mareada todo el día. Puertas a los fantasmas. Eso es lo que son. De repente siento como que estoy de nuevo en el punto de partido, en el punto "empezar a construir" que en mi caso tantas veces significa "empezar a destruir".
Tengo miles de mails por contestar, mails de viejos amigos que preguntan cómo estás y qué tal te va la vida. Mails que no puedo ponerme a escribir porque no sé si todavía sé escribir, si aquí soy la escritora, la profesora, la que acostumbraba a contarles cuentos a los niños perdidos, la chica que ha venido del norte o qué sé yo. No debería haberme puesto la vieja sudadera. No debería haber abierto el ambientador de rosas rancias. Ahora mi armario ya no huele a nuevo, a limpio, a futuro posible, ahora mi ropa huele a pasado, a estación vieja, a casa que no está hecha, a persona a medio hacer también.
Ahora todo está más ordenado. Lo malo de las cajas cuando no te fijas muy bien qué metes en ellas es que ese caos luego cobra sentido, es una parte de tu vida que se compone de monedas, silbatos, medallones, fotos y palabras. Es como un libro de poemas o un álbum de fotos, que has hojeado tantas veces que ahora ya te resulta imposible mirar cada imagen por separado, como si su único significado se pudiera saber al estar las unas junto con las otras. He dividido. No sé si he vencido. He documentado cada objeto, lo he puesto con los de su clase, su color, su tamaño, me he olvidado de romanticismos, he vaciado las cajas sobre el suelo, como quien vacía un barril de gasoil para prenderle fuego. Le prendo fuego al caos. Las medias con las medias, los relojes con los relojes. Así es como debe ser. Así es como luego lo encuentras todo, así es como deja de dar miedo abrir las cajas. Así es como se desentraña cierto tipo de complicación muy antigua.
Empiezo a pensar en la gente de antes como si fueran otros. Sé que me los invento, que estoy creando personajes, en parte basados en la realidad, en parte imaginarios. Es una mímesis de supervivencia, un creer que hay lugares exentos de miseria, que hay gente que jamás te decepciona, que existen cosas en este mundo en las que aún es posible creer.
Aún quedan cajas en el trastero, posiblemente se quedarán ahí muchísimo tiempo. Ángela lo decía, que cuando intentas un cambio radical en tu vida tienes que conservar un 10% del orden anterior, del universo antiguo. Trato de ser justa en ese diez por ciento, no pasarme, no quedarme corta, encontrar el equilibrio.

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