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La ciudad y su doble

La luz clara. Los museos. Los viajes en el metro. La agradable sensación de estar en un lugar que no controlas. El beneficio de la duda. Los placeres del descubrimiento. Barcelona es un lugar amable a los turistas.
Fuimos a cenar la primera noche al Raval. El lugar de moda. Ricos bocatas. Buen precio. Largas colas. Modernos. Arte en las paredes. El Raval. Un lugar tan sórdido que me alegré de ir de la mano de un hombre (aunque no me alegré de alegrarme). Se lo había preguntado a G. hacía unos días, que cual había sido la experiencia más dura de su vida. Fue una pregunta egoísta y me dio una respuesta generosa, una respuesta que me dejó intranquila por la noche, pensando en fantasmas y en lugares oscuros.
G. me habló del Raval. Me dijo que allí los viejos se follaban a niños por diez euros. Muchas veces los violaban. Ella lo vio una vez. Cogió una botella y le pegó al hombre. Hombres serios, de la alta sociedad, con buenas familias y buenos trabajos (justo como el que está ahí leyendo el periódico --me dijo-- sí, justo como ese). Después tuvo que dejar Barcelona. No podía soportarlo.


El Raval. La oscuridad me helaba la sangre. Pensaba en G., en los viejos de buenas familias y buenos trabajos, en el hedor a depravación que impregnaba las calles y los portales. Agarré fuerte la mano. No dije nada. No sabía muy bien en qué ciudad estaba, o si estaba en las dos, o en ninguna de ellas.

Comentarios

grace ha dicho que…
Nunca creí que habría otra G. en tu vida, nunca
XDDDD
The Wild Rose ha dicho que…
Te iba a encantar... la otra G.

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