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Trajes



La ciudad se ha llenado de corbatas. Señores con traje y camisas a rayas y teléfonos móviles y tarjetas de visita se afanan por entrar en los edificios, hablar con los vecinos, dar su experta opinión y ofrecer su no demasiado desinteresada ayuda. Son tipos que normalmente no ves por las calles, que están a salvo en sus madrigueras, en sus despachos, detrás de sus ordenadores, o dirigiendo nuevas y flamantes construcciones. Son los símbolos de una época, del alegre boom del ladrillo. Arquitectos, aparejadores, diseñadores... son los que construyeron rápido y mal los edificios que ahora se derrumban. Son los que aparecen para llenar la ciudad de puntales de colores, y después más cemento, y más ladrillo. Son aquellos a los que se les escapó una sonrisa cuando escucharon la tierra crujir.
Un promotor de Lorca se enfunda un chaleco y se arma con un spray verde para declarar habitables todos sus edificios. El trabajo de las alimañas es duro y delicado al mismo tiempo. No descansan, no se dedican a engordar y tomar vinos de reserva en las terrazas de sus chalets de las afueras, como correspondería a toda persona que se lo pudiera permitir. No. Están al acecho, esperando el momento oportuno para colar sus puntales, su hormigón, su ladrillo allí donde haya un hueco.
Felicitadnos. Daremos de comer a mucha gente. Vengan aquí todos aquellos que el viejo mundo dejó sin trabajo. Después de Lorca volverán al caldo frío y gris del desempleo. Mejor que vengan rápido, que se pongan a las órdenes de los trajes y las corbatas, de los tipos que tapan con saliva las grietas de esta ciudad. Después ya será tarde. Ha quedado meridianamente claro que ya no vale poner ladrillo sobre otro con un pegote de cemento en medio. Los ladrillos ya no dan la seguridad de la casita del último cerdito ante el soplido del lobo, sino que son el peligro que se desprende y acaba con adolescentes, con embarazadas, con recuerdos, con planes de presente y de futuro.
A partir de ahora tendrá que aparecer otro cerdito, uno que no construya su casa de paja, ni de madera, ni de ladrillo, un cerdito que no confíe en cerdos, que se haga amigo del lobo, que busque en las guaridas naturales el refugio que el ser humano ha sido incapaz de levantar.

Comentarios

samsa ha dicho que…
felicidades! vaya buena racha!

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