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Sonido

La palabra nunca debió alejarse de su sonido. Esa es su verdadera forma. La forma de las palabras es el sonido y no el dibujo, es la voz humana que pronuncia, que gesticula, que da aliento a lo inerte. Flaubert pronunciaba cada una de las frases de sus novelas en voz alta para ver cómo sonaban, para ver si no fallaba su prosa, pues la prosa también tiene su música. Es una música más monótona, más tenue, más vulgar si se quiere que la de la poesía pero sigue siendo música. 
Tendríamos que leer en voz alta. Escucharnos. Escuchar las palabras en la boca de otros y en la propia. Las palabras que una escribe y las palabras que una se encuentra por ahí, los cuentos, los poemas, pero sobre todo los artículos de periódico, las reseñas, los post, los mails, la palabra cotidiana. Pronunciar esas palabras que forman el idioma en el que vivimos, como quien vive en una piel que no conoce. 
Durante algún tiempo estuve yendo a un bar de Madrid donde hacían jam sessions de poesía. La mayoría de los poetas eran niñas cursis o cuarentones engreídos, con alguna excepción de originalidad que a veces se disipaba cuando habías oído la misma "originalidad" en cuatro o cinco poemas seguidos. Con todos sus defectos me gustaba ir allí. El acto de leer los poemas de uno es un acto de generosidad y de amor, aunque se mezcle con la vanidad y el deseo (eso es inevitable). Los poemas buenos alcanzaban el cielo, los regulares brillaban con luz propia y los malos resultaban sabrosos. Era un buen lugar. Siempre salía de allí un poco diferente a como había entrado, con energía y nervio, con ganas de cantar y de escribir, un poco borracha de palabras. Llegó a ser peligroso. Llegué a escribir solo aquello que podía lucir delante de un micrófono, llegué a renunciar a los experimentos y las dificultades para lanzarme serena, bella y desnuda al agua caliente de los aplausos, los besos y las felicitaciones. 
Escribo y luego leo lo que escribo. En voz alta. Aunque no siempre lo hago, por miedo o por pereza, y cuando me salto ese paso el texto falla. Puede que no falle en su conjunto, pero siempre quedan asonancias, frases mal construidas, exceso de adjetivos, cualquier defecto que debería darme vergüenza. Sólo cuando lo escucho, cuando leo o me leen, sé si un cuento es bueno, si un poema es potente, si un texto pesa. Es el primer y mejor consejo que puedo dar a alguien: lee lo que escribes. Léeselo a tu madre, a tu padre, a tu novio, al perro, a la vecina, grábate leyendo, lee a solas, lee con diferentes tonos y voces y ritmos. Vence la vergüenza e ingresa en el abismo de la vanidad, en el placer que da que nos escuchen, en el miedo a embriagarte de tu voz. 
Lee todo, lee en el idioma original y lee las traducciones, porque no nos engañemos, hay algo en el lenguaje humano que permanece, por muy mala que sea la traducción, por grande que sea la traición cometida. Las traducciones conservan lo verdaderamente importante, no las aliteraciones, no las rimas, pero sí las frases, la diferencia de tamaño entre una frases y otras, las preguntas, las negaciones, aquello que por vulgar no consideramos ya artificio.
A veces, cuando me leo, me parece que escribo la traducción de un poema que había sido muy bueno en otro idioma, un idioma que nunca conocí, que no habla nadie, un idioma en el que las palabras encajarían mejor, en que las rimas se quedarían en su sitio, en el que todo parecería más simple y necesario. Me tengo que conformar con esa traducción, con el sonido que hubiera funcionado mejor en el original, con la esperanza de que sea verdad lo que he dicho antes, de que lo importante pueda traducirse, de que el sonido no esté tan alejado de la palabra como parece. 

Comentarios

Ahora que tengo tiempo y el entorno adecuado para escribir, pensaba en esto durante estos dias..
(Que casualidad jijiji)
Anónimo ha dicho que…
Tus palabras cada día tienen más relieve. Hasta un ciego podría reconocer sus aristas y sus curvas con los dedos, eran un volcán y ahora son una isla en medio del oceáno, con sus pendientes y altiplanos, y una brisa que siempre trae un aroma fresco. Con tu permiso voy a usar tu texto para mis aulas de lengua y cultura española que comenzaron hoy.
Sigues siendo imprecindible. Un abrazo.
R.

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