Poema para insomnes
Se echó a dormir sobre un martillo y un cortacésped
--objetos diseñados para preceder a la comodidad, no para acompañarla--
y tuvo sueños leves, como de amapola.
Soñó con un desierto que se convertía
en avión que se convertía en un pedazo de carne.
La duermevela le ayudaba a recordar,
a instalarse en el espacio de lo que sí
existe, de las manos y el café y el
hilo dental.
No quiso despertar del sueño, porque no era sueño
del todo, y se daba cuenta de que si despertaba, si por casualidad se le ocurriera despertar, entonces
el sueño nunca lo abandonaría, y seguiría él mismo caminando por desiertos y aviones y pedazos
de carne, convertidos en sandalias, alamedas, autopistas.
Tenía que esperar a que el sueño fuera más profundo, a gusanos y monstruos
y huidas y mundos circulares, para que existiera la diferencia no sutil. Tendría
que dormir sobre almohadas, sofás, sillones tapizados, con las persianas bajadas y grillos tarareando canciones de cuna... para despertar del todo y no a mitad,
para dejar atrás el sueño como se dejan atrás instantes, recuerdos, memorias y pasados.
1 huellas:
Yo sabía de un sueño sobre la cuerda de un tendal.
Agradable el leerte.
Un saludo.
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