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El cuerpo revolucionario

El verdadero secreto está en el cuerpo. Sí, esa envoltura molesta y anodina de nuestra alma, esa fuente de pecado que había que tener a raya para conseguir la pureza. El cuerpo simple. El cuerpo igualitario. El cuerpo presente. En el mundo virtual, de amores virtuales, discusiones virtuales y, sobre todo, acceso virtual a la información, el cuerpo ha irrumpido con toda su innegable certeza.
El cuerpo ocupa un espacio. Muchos cuerpos ocupan mucho espacio. Las calles se llenan de gente –en el mejor de los casos triste y en el peor desesperada– para tratar de lograr algo mediante la presencia y el gesto. Las autoridades responden violentamente porque tienen miedo, porque los cuerpos dan miedo, porque una cantidad enorme de cuerpos se adueña del espacio y se lo quita a quien se cree amo y señor de la cosa pública.
Mi cuerpo no es manipulable. Puedo cambiar mis opiniones por lo que leo, lo que escucho, lo que veo en la tele. Puedo dejarme convencer o empezar a deseear cosas. Puedo intentar adaptarme lo máximo posible al medio en el que vivo, a las conversaciones que me rodean o a lo que se espera de mí. Mi cuerpo, en cambio, simplemente existe. Tumbado en el sofá, follando, en la calle, sentado o pataleando, el cuerpo es. Esta existencia, este ocupar un tiempo y un espacio, esta capacidad de ser visto y de provocar reacciones en otros cuerpos, es lo que lo convierte en la principal arma de la revolución.
De ahí el deseo de legislar sobre el cuerpo, sobre todo el de las mujeres. De ahí la prisa por decir lo que puedes y no puedes hacer con tu cuerpo (desde "no puedes abortar" hasta "no puedes estar sentado en una plaza pública").
El cuerpo interrumpe la vida tranquila de quienes lo tenían todo planeado. El cuerpo reacciona ante el hambre, el cansancio, la imposibilidad de procrear o de moverse. El cuerpo reacciona cuando tratas de sacarlo a la fuerza de su hogar. Entonces es cuando hay que volver a pensarlo todo de nuevo, porque aparecen fotos de cuerpos con sangre, demacrados, en lucha y en compañía en los medios internacionales (de todos es sabida nuestra pasión por el sufrimiento, siempre que esté lejos de casa) y eso no da "buena imagen", no es lo que queremos que se vea, no tenemos control sobre las sensaciones que provoca.
Pueden quitártelo todo. Tu casa, tu trabajo, tus derechos, tu dignidad y hasta tu vida. Pueden quitártelo todo excepto tu cuerpo, y con eso basta. Basta estar ahí para indicar tu desagrado, tu enfrentamiento, para indicar que existes y que tu existencia ha de ser tomada en consideración. No arrojes piedras, no insultes, no empuñes armas. Simplemente estate. Coloca tu presencia en un lugar bien visible, ocupa un espacio, ponte frente a ellos y deja claro que no estamos hablando de burocracias, filosofías o números. Deja claro que estamos hablando de cuerpos. Folla, grita, come, bebe, baila, hazte "aquí y ahora". Únete a otros cuerpos, porque la unión ocupa más espacio, es más visible, es un nuevo cuerpo, más grande y poderoso.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
El cuerpo interrumpe la vida tranquila de quienes lo tenian todo planeado. Lo mas evidente, como dices lo unico que esta ahi, y que poco cuenta en nuestros planes, y como los cambia una y otra vez. Solo digo lo que tu has dicho, pero es que es tan cierto.
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