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Mostrando entradas de 2013

El té más caro del mundo

Dicen que es el té amarillo o cierto tipo de té blanco, pues se recogen sólo las yemas y es muy costoso reunir 100 gramos. Si me lo puedo permitir no me importa pagar por un buen té. He probado tés de todo tipo e incluso me han traído regalos de otras tierras, deliciosos tés con hojas enteras que aguantan tres infusiones y que dan matices dorados al agua y perfumes sutiles al paladar. Sin embargo el té más caro que he probado nunca no es ninguno de esos. Creo que fue un té normal, a lo sumo un Earl Grey, negro, de bolsita, en taza con asa en lugar de cuenco. Y el precio lo pagué mucho más tarde. Vivía yo en una casa de dos plantas, pequeña, fría, sin salón ni sofá. Pasaba las tardes en frente del ordenador o leyendo en la cama. Compartía piso con un chico al que llamaba "cariño" y se acostaba a mi lado, procurando siempre que ya estuviera dormida o a punto de hacerlo. En esa mesa tomé el té, que por torpeza o hartazgo derramé en la pared de en frente. Quedó una mancha marrón…

Escombros

Volvemos
una y otra vez a los escombros.

Resultan familiares
tranquilos, apacibles.

Jamás comprenderemos
la ausencia, la nitidez, brillo
la salud aberrante de lo simple.

Él dejó un rastro blanco

Él dejó un rastro blanco
sobre el paisaje blanco.

Yo seguí el rastro blanco sobre
el paisaje blanco.

Nos encontramos en lo oscuro,
donde el blanco ha dejado
de tener nombre
y no hay rastro, ni intención
ni huella alguna.

Cosas pendientes

Una vez me compré un vestido negro en la sección de "taras" de Mango Outlet. Tenía la cremallera descosida y cuando me lo probé vi que había que coser también el dobladillo para que no arrastrara por el suelo. De todas maneras me sentaba bien y lo compré. Lo guardé en una bolsa y lo coloqué junto al neceser de costura, para hacer los arreglos que necesitaba. En esa bolsa también había un par de camisetas a las que se les había roto el tirante y algún calcetín para zurcir. No sé coser muy bien, me tuerzo y hago puntadas grandes y quiero acabar demasiado rápido, pero de pequeña mi madre me enseñó algunas técnicas básicas y de vez en cuando metí algún dobladillo, tapé algún agujero o cosí algún botón. Pasó el tiempo y olvidé la bolsa en el armario. Nunca me decidí a ponerme a coser el vestido o las camisetas o los calcetines. Sólo los recordaba cuando abría el armario o los observaba. De todas formas no molestaban demasiado. Llegaron a formar parte del paisaje del armario, has…

Áreas

Salgo de casa. Cojo el móvil, el té, me pongo el abrigo. Me aseguro de que tengo el ventolín en el bolsillo. Me pongo la mochila. Me calzo. Me despido. Cojo las llaves. Luego bajo hasta la planta baja si voy a ir andando o hasta el sótano dos si voy a coger la bici. Salgo a la calle. Camino. Cruzo el puente. Paso por el paso de peatones. Voy por la acera y paso la panadería, luego el Mercadona, luego la frutería donde tienen jengibre, después las tiendas de ropa, de juguetes, de cosas del hogar. Y después, en algún momento, en el preciso instante en que apoyo el pie en el suelo en la acera me doy cuenta de que estoy fuera de casa, que estoy realmente fuera de casa, y empiezo a mirar las caras de la gente, a ver si tienen prisa, si van de la mano, si discuten, si han ido o irán de compras. Y también pienso en el trabajo al que me dirijo, pienso en que tenía que haber fotocopiado esto o mirado lo otro, pienso que tengo que repasar o que organizar o que imprimir. Por supuesto ya es dema…