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El té más caro del mundo

Dicen que es el té amarillo o cierto tipo de té blanco, pues se recogen sólo las yemas y es muy costoso reunir 100 gramos. Si me lo puedo permitir no me importa pagar por un buen té. He probado tés de todo tipo e incluso me han traído regalos de otras tierras, deliciosos tés con hojas enteras que aguantan tres infusiones y que dan matices dorados al agua y perfumes sutiles al paladar. Sin embargo el té más caro que he probado nunca no es ninguno de esos. Creo que fue un té normal, a lo sumo un Earl Grey, negro, de bolsita, en taza con asa en lugar de cuenco. Y el precio lo pagué mucho más tarde. Vivía yo en una casa de dos plantas, pequeña, fría, sin salón ni sofá. Pasaba las tardes en frente del ordenador o leyendo en la cama. Compartía piso con un chico al que llamaba "cariño" y se acostaba a mi lado, procurando siempre que ya estuviera dormida o a punto de hacerlo. En esa mesa tomé el té, que por torpeza o hartazgo derramé en la pared de en frente. Quedó una mancha marrón en la pintura amarilla. No me importó demasiado. Quién toma té a menudo sabe que tiene que convivir con las teteras y tazas rotas, con las hojas esparcidas en el lavadero y con las manchas marrones. Me fui de casa la mañana en la que tenía que hablar del Quijote de Avellaneda en clase. Recuerdo perfectamente la presentación, espectacular y mediocre, que hicimos Fran y yo. Salvamos como pudimos nuestra falta de trabajo y mi exceso de sueño. Mi compañero de piso se quedó poco más viviendo allí. Se embolsó los alquileres hasta agosto que yo ya le había pagado y decidió que con ese dinero podía irse y empezar una nueva vida. Mandó a nuestros gatos a su familia por MRW y recogió sus cosas. Cuando vino el dueño nos dio una especie de pésame y nos dijo que no nos devolvería la fianza. Había una enorme mancha marrón en la salita y tendría que pintar de nuevo. 600 euros. Ni un billete más ni uno menos. Eso fue lo que pagué por la mancha de té. Eso fue lo que me costó aquella taza de Earl Grey (probablemente). Vosotros podréis vanagloriaros de haber probado exquisitos elixires en los países más insólitos, de haber comprado rarezas y exquisitas yemas de camelia sinensis. Yo puedo decir que una vez bebí el té más caro del mundo. Sin salir de casa. Y que valió la pena cada céntimo que pagué por él. Valió la pena aquella época de soledad compartida y valió la pena abandonarla en el momento en que ya hacía demasiado frío. Sólo mi gato a veces me atormenta las noches y pienso en cómo estará y en si me echará de menos o me echará la culpa. Los tés tienen precios justos y exactos. Nos enseñan cuánto nos cuestan las cosas. Más vale ahorrar un poco por si alguna vez tienes que pagar un té muy caro. Y, en el momento de hacerlo, que no te tiemble el pulso, el té es de las mejores cosas que pueden comprarse con dinero.

Comentarios

La Maga ha dicho que…
Que envidia me da ver como te expresas, como cuentas pequeños fragmentos de la vida haciendo que todo parezca poesía. Me alegro de volver a leerte :)
Creo que me he vaciado un poco al leer esto. Poco más puedo añadir después de este final: " Los tés tienen precios justos y exactos. Nos enseñan cuánto nos cuestan las cosas. Más vale ahorrar un poco por si alguna vez tienes que pagar un té muy caro. Y, en el momento de hacerlo, que no te tiemble el pulso, el té es de las mejores cosas que pueden comprarse con dinero."
Hacía mucho que no leía algo que encierre tanta verdad en tan pocas palabras.
Juan ha dicho que…
:-*
Juan ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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