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Mostrando entradas de 2015

Tirar

Guardamos todo. Guardamos los libros que nos servirán en un futuro, las fotos, los diarios, las libretas, la ropa que nos trae recuerdos de cuando éramos más felices o estábamos más delgadas. No dejamos de guardar, cada día un poquito, hacemos hueco, reordenamos las estanterías, nos sentimos orgullosas de todo lo que tenemos, de lo que hemos conseguido hasta el momento, pero quizá también alberguemos la esperanza de más cosas, más libros, más ropas, un ordenador mejor, una tele más grande. No somos del todo felices porque siempre nos falta alguna cosa, sin pensar, incautos de nosotros, que quien no es feliz con todo lo que tiene tampoco va a ser feliz con todo lo que le falta.

Guardar es un acto de responsabilidad, unas veces una responsabilidad propia (tengo que leer este libro, tengo que practicar este deporte), otras veces –muchas más de las que nos gustaría admitir– un acto de responsabilidad con algún otro: no se pueden tirar los regalos, pues se ofendería el sentimiento con el q…

India. RUCHI

Primer día en Ruchi. Apenas pude dormir. Tuve que ir al baño, escribir a M., jugar al 2 dots, jugar al threes, mirar un puñado de cosas (sin internet el móvil se vuelve un trasto no demasiado útil). Después mi alarma para meditar sonó a las 3 y media y me desveló cuando ya había cogido el sueño, y a las 5 y algo apareció el sol y a las 8 Anaïs hablaba con Gita. Así que en el meeting de hoy sólo una parte estaba presente.

Solan: big town
Shimla: City
More traditional
Conflict: kids quieren hacer cosas. Kids have to work in the field.

Ahora estoy más preocupada por mi maleta, ya no es tan bonito estar sin cosas. Llamé a la aseguradora, pero no funciona el móvil (un trasto más inútil aún). Tenía que haberlos llamado a cobro revertido cuando ocurrió el percance. Imagino que todo es aprendizaje. Una parte de mí estaba feliz, la otra simplemente lo esperaba, lo asumió como obvio. De alguna manera atraje la pérdida.
Llamamos y llamamos, pero no responden. Empiezo a echar cosas de menos, com…

India. El vagón de primera clase.

(El frío) en el vagón de primera clase

En el vagón de primera clase
del trayecto Delhi-Kalka
el aire acondicionado sopla fuerte.

Nada que ver, entonces,
con los vagones de tercera clase,
la estación asfixiante,
con la calle repleta
en donde olor, calor
y sudor se entremezclan.

El aire elimina toda posibilidad
de inconvenientes, tan chic,
los pájaros revolotean sobre las vías
el tren parte.

La mujer a mi lado hace sudokus
Yo me abrigo
hace un frío helador
en el vagón de la primera clase.


***


Perfecta comida en el tren. Vagón de primera clase. Agua, refresco de lima sin gas, sandwich de zanahoria con salsa (no muy bueno), empanadilla vegetal, especie de bola de almendra, peanuts especiados. ketchup y té. El matrimonio a mi lado se toma la bola de almendra con cuchara. Yo a mordiscos. Dejo los peanuts para más adelante. Rematan la comida con un tubo de pasta de dientes. Nadie se agolpa en los western toilet. Yo tampoco me lavo los dientes. Guardo la pasta.



***


¿Cuál es tu mirada entonces…

India. Entrada.

Sales del avión. Coges el metro. El metro parece sacado del futuro, un metro que toda ciudad desearía tener: limpio, rápido, con información precisa de dónde te encuentras y cuánto te falta para llegar a tu destino (unas lucecitas azules se van encendiendo entre el nombre de una estación y otra a medida que avanzas). Incluso una luz roja te indica por qué puerta salir (derecha o izquierda). Ningún olor, ningún ruido perturba este universo organizado en luces de colores. Nada te hace sospechar lo que habita en la superficie, las riadas de gente, la ciudad palpitante.
Sales del metro. Te invade la oleada de personas, el perfume inciensado de pobreza. Atraviesas la calle negándote a todos los ofrecimientos, que pasan de la asertividad a la violencia. No, thank you, con tu ropa europea y tu piel extremadamente pálida y tu suficiencia. El hotel está cerca. Miras otra vez el plano: Sólo hay que coger esta calle, asegurarse del nombre en una placa, luego contar tres perpendiculares, torcer …

Contra el silencio

Habrá alguna manera
digo yo
de preparar a las mujeres
para el silencio de los hombres
Ese silencio-trampa que controla
acciones y palabras.
Tiene que haber, entonces, algún modo
de evitar ese daño,
de resistir airosas a ese mudo reproche
sin suplicar palabras
sin salpicar renuncia entre suspiros.
Maneras
de asimilar silencio
sin miedo al abandono
ni al final siempre temible, formas

de navegar por esas olas calladas
como las mariposas sobre las tempestades
admitiendo la muerte, la soledad
como otro camino posible, no tan malo ni cruel
Las palabras no son siempre eficaces
contra el silencio , el mar,
el caos, el dominio, el poder,
el castigo.

Expectativas

Una vino a esta tierra del sur con ciertas expectativas. Los principios son duros, no pasa nada, se dijo una. No pasa nada si al principio no tienes mucho amigos o si tienes que hacer algún que otro recado antes de empezar a hacer cosas más importantes en el trabajo, o si no viene a verte mucha gente al principio, o si no publicas ningún libro de momento o si, en definitiva, empiezas poco a poco.
Lo importante es ir aprendiendo, desarrollándote, adaptándote. Poco a poco tendrás tu grupo, tu puesto, incluso tu familia. Esas cosas requieren un poquito de paciencia.
Han pasado seis años desde entonces. No puedo decir que esos años hayan sido malos, al fin y al cabo he tenido buenos momentos y lo he pasado bien. Es dulce compartir tu vida con alguien a quien realmente amas, con alguien a quien te gusta ver todas las noches al dormir y todas las mañanas al despertarte. El problema han sido las expectativas. La expectativa te pone en una posición de esperar, de estar verdaderamente convenci…

Cajeros automáticos

Los cajeros automáticos no sirven para ofrecernos dinero en efectivo, ni para pagar recibos, ni siquiera para saber el extracto de nuestra cuenta bancaria. Los cajeros automáticos en realidad lo que sirven es para medir lo pobres que somos. Lo hacen de una forma sutil pero infalible: el tiempo que pasas frente al cajero automático es inversamente proporcional a tu grado de riqueza.
Así los ricos muy ricos nunca pisan los cajeros. Siempre van a sitios elegantes con su colección de tarjetas vip. En esos sitios existen datáfonos y mujeres con falda negra y hombres de traje. Sólo los dependientes de lugares pobres manejan monedas y billetes.
Los un poco menos ricos sólo visitan el cajero en raras ocasiones, un sábado por la noche porque quieren tomarse un par de cañas más o porque de repente tenían que poner un billete cada uno para un cumpleaños.
Y luego hay toda una serie de cuerpos humanos, de todos los colores, géneros y razas, que se paran día a día frente a los cajeros, y una escala…

La familiaridad de los extraños

Era más fácil antes ¿sabéis? Era muchísimo más fácil enzarzaros en palabras cuanto estábamos más lejos, cuando no nos veíamos las caras, cuando apenas sabíais que era una sombra lejana, escribiendo desde algún lugar no concreto del mundo. Entonces resultaba sencillo hablaros con sinceridad extrema, sin ningún tipo de barrera, sin miedo a resultar hiriente o incomprensible. Luego qué pasa, que las palabras que tienen que salir primero no pueden, porque no resultarían adecuadas, porque luego hay que defenderlas, asumirlas, establecerlas en un lugar concreto, con personas concretas, que me miran, me huelen, me abrazan, con personas que establecen luego conversaciones conmigo.
La escritura exige esa dirección única de no tener que dar después forma a argumentos ni arrepentirse de lo dicho, la escritura no tiene piedad por los que nos rodean. Así que cuando quiere salir de pronto, a borbotones, como única manera de decir ciertas cosas, se interrumpe, se pudre dentro, y ya no puedes escribi…

Lo similar

Comparto con vosotros este poema, acariciado en un el aeropuerto de Nueva Delhi, que me surgió como una revelación que cambió muchas cosas.

LO SIMILAR

La curiosa naturaleza de las cosas,
Que generan cosas similares.
Las reuniones generan reuniones,
Los viajes generan viajes,
Una lectura conduce a otra lectura,
Y un amigo a otro amigo.
Así el dinero crea dinero
La pobreza, pobreza,
La violencia engendra otra violencia,
Normalmente perversa y más sutil,
Las guerras crean guerra,
La muerte, más muerte todavía,
La calidez, calor,
Lo tierno, más ternura,
Más amabilidad después de todo.
No es difícil lección
Es la palabra
Que se repite eternamente,
Una y otra vez
Como aprendiendose a sí misma.
Y sin embargo buscamos
en la lucha la paz,
en la discusión el entendimiento,
en el trabajo la riqueza,
En el aprendizaje la sabiduría

Desintegrados

No se integran, decís. No abandonan su lengua, no aprenden nuestras costumbres, no se ponen nuestros pantalones vaqueros.
No hacen un esfuerzo. Son ellos, que no hacen un esfuerzo.
Si yo fuera allí...
Si yo viajara...
Si mi país estuviera en ruinas y buscara otra tierra...
Yo me integraría

Pero tú estás aquí
pero tú no viajas, más que ciertos turismos aislados en los que sí, es divertido aprender unas palabritas y ponerse un vestido como un disfraz como unos días
pero tu país no está en ruinas.

Ellos se recogen en sus barrios de árabes, de ecuatorianos, de senegaleses. No quieren compartir con nosotros nuestras costumbres, nuestra misa, nuestra sensación de que tenemos más derechos que ellos porque hemos tenido la suerte de nacer en el lado correcto del mundo, en el lado en el que no hay que hacer ningún esfuerzo, no hay que aprender ni lengua ni costumbres que nos son ajenas, no hay que cambiar la forma de vestir ni de portarse. No hay que hacerlo, porque nosotros no hemos hecho nada…

Canción para Ibias, bienvenido a este mundo

Las cuatro lunas de Mayo Cantaron tu nacimiento La luna llena te alumbra Con su semblante sereno.
Entre las flores quisiste Venir a este mundo bueno Tu madre estaba esperando Toda de rosa y espliego
Tu padre como un pastor Que cuida de su ternero Desde el vientre de tu madre Te abrazó con sentimiento
Y te sacó para el mundo Y el alma se volvió cuerpo
Llegaste lleno de amor Pues en el amor te hicieron Para que nada te falte Y amor repartas del cielo
Caminarás por las calles Viajarás por los senderos Siempre con luz en los ojos Y paz en el pensamiento
Cantarás y bailarás Y abrazarás a los pueblos La alegría, la alegría Está dentro de tu pecho


Memoria

A veces se me olvida quién me paga el sueldo. Suele ser los sábados por la mañana, o justo antes de dormir, ya en la cama, pero también un martes a las 3 o los lunes por la mañana, en un contexto donde quizá fuera más fácil recordarlo.
Es raro, para otras cosas tengo muy buena memoria. Recuerdo las canciones que aprendí de pequeña, estrofa por estrofa, recuerdo poemas sin faltar una coma, recuerdo gestos, escenas, frases completas de personas, recuerdo quiénes eran mis padres, y la composición de las paredes y recuerdo los cuadros que me acompañaron. Recuerdo las películas que he visto, casi siempre los libros que he leído.
No entiendo entonces mi mala memoria para una información tan vital, necesaria para saber cuál es mi posición, dónde me encuentro y a quién le debo explicaciones. Qué parte de mi mente anula ciertas cosas, como si estuviera construyendo otra imagen, otro estado de cosas que más tarde recordaré punto por punto, saltándome –eso sí– lo que quizá resultaba importante.

Dejad que las mujeres se masturben (con lo que quieran)

Y no, no he leído 50 sombras de Grey. No me llama. No me motiva. No es el tipo de literatura ni de libro que me interesa. Por lo que parece ni está bien escrito ni subvierte la estructura social. Desde el punto de vista ideológico también es ampliamente criticable, la niñita mojigata encuentra a su señor perfecto que le abre las puertas del sadomasoquismo (más sado para él y maso para ella, claro). Sin embargo las vehementes reacciones que he visto últimamente en vídeos, artículos e incluso en persona me dan que pensar. Son normalmente hombres, indignados con lo mal escrito que está, lo poco que pone en valor a las mujeres, la ausencia de realismo y, sobre todo, el éxito que está teniendo. Creo que lo que más confunde es ese éxito. Las mujeres no consumen pornografía. Miento. Las mujeres no están legitimadas para consumir pornografía. Los primeros relatos eróticos que leí estaban sacados de las revistas guarras que mi hermana y yo le escondíamos a mi padre. Porque claro, mi madre no l…

El don de la oportunidad

Gustándome tanto escribir, lo lógico, podríamos decir, es que me dedicara al periodismo. Ya sabéis, contar cosas, opinar, trasladar información. Sin embargo hay algo que me ha mantenido alejada del papel reciclado como si fuera lava hirviendo: el don de la oportunidad.
Carezco totalmente de don de la oportunidad. Ni siquiera soy capaz de formarme una opinión más o menos clara hasta que ha pasado mucho tiempo, y entonces ya no importa. No voy al filo de la noticia, de lo que ocurre, sino que lo dejo reposar, como agua estancada en un pantano. A nadie le gusta lo estancado, lo pasado de moda, lo que ya se ha dicho.
Si hay un don que me caracteriza es justo el contrario: el don de la desoportunidad (por darle un nombre). Soy capaz de poner una canción sobre desengaño cuando una amiga me cuenta su ruptura, o de pedir las cosas justo en el momento en el que no son posibles, o incluso de decir lo menos adecuado en el momento menos adecuado.
No es despreciable mi don. Es, si queréis, más rar…

Creciente

El pelo crece. En realidad todo crece. La barriga crece, las uñas, los olores, las cosas de la casa. Crece todo. Las esperanzas, los miedos, todo. Sólo dale tiempo. Sólo no lo cortes, no te fijes, no te obsesiones, y verás como crece y arrastra consigo lo que no era del todo verdad (aunque no por ello era tampoco mentira).
El pelo se arremolina, el pelo de la cabeza –el único permitido– y también el pelo de las axilas, del bigote, de las piernas y, lo más importante, el pelo del coño. Un pelo adulto de mujer adulta que quizá no te costaba tanto cortar, pero no se pueden cortar las cosas que existen eternamente. No. Hay que dejarlas ser, existir, oler, extenderse.
Pelos para jugar, para trenzar, para enredarlos en los dedos, para saber que sí, que estás siendo tú, y respirar un poquito mejor. Sólo un poquito. Queda un largo camino para recuperar la respiración, la piel, para recuperarte a ti, aunque ya no gustes. Perder miedo a no gustar, a no complacer, a no cumplir expectativas. Ahor…

Empezar de cero

Nos apegamos. Vamos poco a poco apegándonos a las cosas, a las personas, a los recuerdos. Ah, sobre todo a los recuerdos, esos que nos dan un reflejo de quienes creemos ser. Y nos apegamos a todo objeto que sirva de catalizador de recuerdos: una chaqueta, una foto, un móvil. Entonces nos hacemos rodear de pequeños objetos, de cajas, de historias, como un rey se rodea de sus súbditos, pues es la única manera de recordarse a sí mismo que es rey.
Y entonces algo falla, y el móvil se rompe, las fotos se traspapelan, el disco duro deja de funcionar. Y entonces primero es un pequeño drama, pero el drama es minúsculo y desaparece pronto. En seguida da paso a un vacío liviano, a una agradable sensación de estar estrenando algo, de estar en algún país en el que nadie te conoce, y por lo tanto no tienes que fingir que sigues siendo como eras hasta ahora.
Leí una vez un cuento –creo que de una mujer– en el que el infierno se componía de todos los objetos que perdíamos. Porque si algo hay cierto …

Volver a casa

Sí, vuelvo al jardín. Tendré que desbrozarlo, plantar flores, amarlo de nuevo ahora que está tan desamparado. Vuelvo al jardín por la sencilla razón de que este sitio me da ciertas libertades que no tengo en casi ningún otro lugar (físico, teórico, real o virtual). Aquí no voy a contestar a la mayoría de vuestros comentarios, no voy a ser legible, no voy a guardar las formas, no voy a respetar la intimidad de nadie. Voy a contar la verdad, mi verdad, la verdad cotidiana, o no voy a contar nada y me voy a quedar callada, pero el jardín me gusta y no voy a dejar que nadie, ni siquiera yo misma lo destruya.
Empoderamiento. Gran palabra. Difícil objetivo. ¿Hombres feministas? ¿Hombres que ayudan a las mujeres a empoderarse? Sólo si pierden parte de su poder, o casi todo. ¿Hombres que quieren que estés cómoda? Sólo si renuncian a parte de su comodidad. Es imposible tener los dos poder a partes iguales, así que luego tienes que coger todo acopio de presencia que aún te queda y decir:
–Cariñ…