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Mostrando entradas de enero, 2015

El don de la oportunidad

Gustándome tanto escribir, lo lógico, podríamos decir, es que me dedicara al periodismo. Ya sabéis, contar cosas, opinar, trasladar información. Sin embargo hay algo que me ha mantenido alejada del papel reciclado como si fuera lava hirviendo: el don de la oportunidad.
Carezco totalmente de don de la oportunidad. Ni siquiera soy capaz de formarme una opinión más o menos clara hasta que ha pasado mucho tiempo, y entonces ya no importa. No voy al filo de la noticia, de lo que ocurre, sino que lo dejo reposar, como agua estancada en un pantano. A nadie le gusta lo estancado, lo pasado de moda, lo que ya se ha dicho.
Si hay un don que me caracteriza es justo el contrario: el don de la desoportunidad (por darle un nombre). Soy capaz de poner una canción sobre desengaño cuando una amiga me cuenta su ruptura, o de pedir las cosas justo en el momento en el que no son posibles, o incluso de decir lo menos adecuado en el momento menos adecuado.
No es despreciable mi don. Es, si queréis, más rar…

Creciente

El pelo crece. En realidad todo crece. La barriga crece, las uñas, los olores, las cosas de la casa. Crece todo. Las esperanzas, los miedos, todo. Sólo dale tiempo. Sólo no lo cortes, no te fijes, no te obsesiones, y verás como crece y arrastra consigo lo que no era del todo verdad (aunque no por ello era tampoco mentira).
El pelo se arremolina, el pelo de la cabeza –el único permitido– y también el pelo de las axilas, del bigote, de las piernas y, lo más importante, el pelo del coño. Un pelo adulto de mujer adulta que quizá no te costaba tanto cortar, pero no se pueden cortar las cosas que existen eternamente. No. Hay que dejarlas ser, existir, oler, extenderse.
Pelos para jugar, para trenzar, para enredarlos en los dedos, para saber que sí, que estás siendo tú, y respirar un poquito mejor. Sólo un poquito. Queda un largo camino para recuperar la respiración, la piel, para recuperarte a ti, aunque ya no gustes. Perder miedo a no gustar, a no complacer, a no cumplir expectativas. Ahor…

Empezar de cero

Nos apegamos. Vamos poco a poco apegándonos a las cosas, a las personas, a los recuerdos. Ah, sobre todo a los recuerdos, esos que nos dan un reflejo de quienes creemos ser. Y nos apegamos a todo objeto que sirva de catalizador de recuerdos: una chaqueta, una foto, un móvil. Entonces nos hacemos rodear de pequeños objetos, de cajas, de historias, como un rey se rodea de sus súbditos, pues es la única manera de recordarse a sí mismo que es rey.
Y entonces algo falla, y el móvil se rompe, las fotos se traspapelan, el disco duro deja de funcionar. Y entonces primero es un pequeño drama, pero el drama es minúsculo y desaparece pronto. En seguida da paso a un vacío liviano, a una agradable sensación de estar estrenando algo, de estar en algún país en el que nadie te conoce, y por lo tanto no tienes que fingir que sigues siendo como eras hasta ahora.
Leí una vez un cuento –creo que de una mujer– en el que el infierno se componía de todos los objetos que perdíamos. Porque si algo hay cierto …

Volver a casa

Sí, vuelvo al jardín. Tendré que desbrozarlo, plantar flores, amarlo de nuevo ahora que está tan desamparado. Vuelvo al jardín por la sencilla razón de que este sitio me da ciertas libertades que no tengo en casi ningún otro lugar (físico, teórico, real o virtual). Aquí no voy a contestar a la mayoría de vuestros comentarios, no voy a ser legible, no voy a guardar las formas, no voy a respetar la intimidad de nadie. Voy a contar la verdad, mi verdad, la verdad cotidiana, o no voy a contar nada y me voy a quedar callada, pero el jardín me gusta y no voy a dejar que nadie, ni siquiera yo misma lo destruya.
Empoderamiento. Gran palabra. Difícil objetivo. ¿Hombres feministas? ¿Hombres que ayudan a las mujeres a empoderarse? Sólo si pierden parte de su poder, o casi todo. ¿Hombres que quieren que estés cómoda? Sólo si renuncian a parte de su comodidad. Es imposible tener los dos poder a partes iguales, así que luego tienes que coger todo acopio de presencia que aún te queda y decir:
–Cariñ…