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Mostrando entradas de febrero, 2015

Memoria

A veces se me olvida quién me paga el sueldo. Suele ser los sábados por la mañana, o justo antes de dormir, ya en la cama, pero también un martes a las 3 o los lunes por la mañana, en un contexto donde quizá fuera más fácil recordarlo.
Es raro, para otras cosas tengo muy buena memoria. Recuerdo las canciones que aprendí de pequeña, estrofa por estrofa, recuerdo poemas sin faltar una coma, recuerdo gestos, escenas, frases completas de personas, recuerdo quiénes eran mis padres, y la composición de las paredes y recuerdo los cuadros que me acompañaron. Recuerdo las películas que he visto, casi siempre los libros que he leído.
No entiendo entonces mi mala memoria para una información tan vital, necesaria para saber cuál es mi posición, dónde me encuentro y a quién le debo explicaciones. Qué parte de mi mente anula ciertas cosas, como si estuviera construyendo otra imagen, otro estado de cosas que más tarde recordaré punto por punto, saltándome –eso sí– lo que quizá resultaba importante.

Dejad que las mujeres se masturben (con lo que quieran)

Y no, no he leído 50 sombras de Grey. No me llama. No me motiva. No es el tipo de literatura ni de libro que me interesa. Por lo que parece ni está bien escrito ni subvierte la estructura social. Desde el punto de vista ideológico también es ampliamente criticable, la niñita mojigata encuentra a su señor perfecto que le abre las puertas del sadomasoquismo (más sado para él y maso para ella, claro). Sin embargo las vehementes reacciones que he visto últimamente en vídeos, artículos e incluso en persona me dan que pensar. Son normalmente hombres, indignados con lo mal escrito que está, lo poco que pone en valor a las mujeres, la ausencia de realismo y, sobre todo, el éxito que está teniendo. Creo que lo que más confunde es ese éxito. Las mujeres no consumen pornografía. Miento. Las mujeres no están legitimadas para consumir pornografía. Los primeros relatos eróticos que leí estaban sacados de las revistas guarras que mi hermana y yo le escondíamos a mi padre. Porque claro, mi madre no l…