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Expectativas

Una vino a esta tierra del sur con ciertas expectativas. Los principios son duros, no pasa nada, se dijo una. No pasa nada si al principio no tienes mucho amigos o si tienes que hacer algún que otro recado antes de empezar a hacer cosas más importantes en el trabajo, o si no viene a verte mucha gente al principio, o si no publicas ningún libro de momento o si, en definitiva, empiezas poco a poco.
Lo importante es ir aprendiendo, desarrollándote, adaptándote. Poco a poco tendrás tu grupo, tu puesto, incluso tu familia. Esas cosas requieren un poquito de paciencia.
Han pasado seis años desde entonces. No puedo decir que esos años hayan sido malos, al fin y al cabo he tenido buenos momentos y lo he pasado bien. Es dulce compartir tu vida con alguien a quien realmente amas, con alguien a quien te gusta ver todas las noches al dormir y todas las mañanas al despertarte. El problema han sido las expectativas. La expectativa te pone en una posición de esperar, de estar verdaderamente convencida de que el mundo te debe alguna cosa. He tardado 36 años en darme cuenta de que el mundo no me debe nada. Eso, supongo, te hace una persona mejor o, por lo menos, más amable, más fácil de tratar.
Yo no soy especialmente fácil de tratar. También me he dado cuenta. Quizá cuando una es pequeña es más cómodo achacar la falta de amigos a una diferencia insalvable entre una y los otros, a cierto aire outsider de familia con el que tampoco me sentí nunca demasiado agusto. No encajar en el centro, pero tampoco en los bordes. Es como tener dos corrientes en el interior, una fría y otra caliente, que nunca llegan a mezclarse y que, cuando te tocan, nunca saben con qué corriente se van a encontrar. Sin embargo he tenido mis momentos fantásticos, de grandes amigos, de conversaciones profundas, de manos que se han enfriado o ardido sin importar nada.
Por otro lado tengo cierta facilidad para labrarme enemigos. Es cierto que hay gente que vive sin conflicto, con unas relaciones quizá no muy profundas, pero sin grandes renciallas. Mis enemistades han sido épicas, memorables, han durado años, han pasado por diferentes etapas y han acabado casi todas ellas en un frío pacto de no agresión mal llevado por ambas partes.
No tengo facilidad para comunicarme. Consigo a duras penas que se me entienda, hablando como hablo a media sugerencia, moviéndome en el agua agitada de la emoción y el pensamiento no formulado. Esto genera una bruma a mi alrededor difícil de traspasar. Recuerdo cuando estaba muy deprimida, hace mucho tiempo, y me parecía que a mi alrededor había un muro y que las voces de los demás llegaban apenas traspasando ese muro, pero en el camino se despojaban de carne y se quedaban solamente en mensaje esquemático.
Puedo contar entonces mis amigos aquí, después de 6 años, con los dedos de una mano, y sobran cuatro dedos. En mi trabajo sigo haciendo recados y teniendo como mayor valor en mí el de estar disponible. Lectores, sólo uno también y duerme a mi lado.

Recuerdo mis cumpleaños cuando era pequeña, mientras mi hermana ponía banderas y lo preparaba todo para que saliera bien en los suyos, yo simplemente esperaba, tenía expectativas, justo como cuando llegué aquí, pensaba que el mundo, que mi familia me debía una gran fiesta y unos regalos magníficos. Pero la fiesta siempre era discreta y los regalos modestos y entonces me invadía la tristeza, una tristeza difícil de manejar, porque cuando la expectativa se ha apoderado de ti, es difícil sacársela de la carne.

Así que me despido, hoy ya por fin, formalmente, de mis expectativas. Vendrán los amigos que quieran venir y los enemigos que no consiga evitar hacer, haré mi trabajo mejor o peor, pero ya no esperaré que me escojan, que cuenten conmigo, que quieran tenerme a su lado. No regalaré libros o revistas esperando que lean algo mío. En este Samhain quiero dejar en la tierra todo aquello que esperaba que floreciera y no ha florecido. Así la abonará para el invierno. Dejaré la nieve de la soledad caer de nuevo, sin evitarla, sin enfadarme con ella, aceptando que limpie este jardín, al que he vuelto como quien vuelve a casa, porque en casa siempre la quieren y la entienden a una, aunque no tengan ni remota idea de cómo se prepara una buena fiesta de cumpleaños.

Comentarios

Graciela Miranda ha dicho que…
Yo sigo debiéndote una visita que parece que nunca llega, pero que llegará (espero que no demasiado tarde).
Pero nunca he dejado de leerte con asombro, cariño y emoción.
sibisse cándida ha dicho que…
Las visitas van llegando, más lentas de lo esperado, pero siempre a su debido momento. Sé que estarás aquí cuando te necesite.

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