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Mostrando entradas de noviembre, 2015

India. RUCHI

Primer día en Ruchi. Apenas pude dormir. Tuve que ir al baño, escribir a M., jugar al 2 dots, jugar al threes, mirar un puñado de cosas (sin internet el móvil se vuelve un trasto no demasiado útil). Después mi alarma para meditar sonó a las 3 y media y me desveló cuando ya había cogido el sueño, y a las 5 y algo apareció el sol y a las 8 Anaïs hablaba con Gita. Así que en el meeting de hoy sólo una parte estaba presente.

Solan: big town
Shimla: City
More traditional
Conflict: kids quieren hacer cosas. Kids have to work in the field.

Ahora estoy más preocupada por mi maleta, ya no es tan bonito estar sin cosas. Llamé a la aseguradora, pero no funciona el móvil (un trasto más inútil aún). Tenía que haberlos llamado a cobro revertido cuando ocurrió el percance. Imagino que todo es aprendizaje. Una parte de mí estaba feliz, la otra simplemente lo esperaba, lo asumió como obvio. De alguna manera atraje la pérdida.
Llamamos y llamamos, pero no responden. Empiezo a echar cosas de menos, com…

India. El vagón de primera clase.

(El frío) en el vagón de primera clase

En el vagón de primera clase
del trayecto Delhi-Kalka
el aire acondicionado sopla fuerte.

Nada que ver, entonces,
con los vagones de tercera clase,
la estación asfixiante,
con la calle repleta
en donde olor, calor
y sudor se entremezclan.

El aire elimina toda posibilidad
de inconvenientes, tan chic,
los pájaros revolotean sobre las vías
el tren parte.

La mujer a mi lado hace sudokus
Yo me abrigo
hace un frío helador
en el vagón de la primera clase.


***


Perfecta comida en el tren. Vagón de primera clase. Agua, refresco de lima sin gas, sandwich de zanahoria con salsa (no muy bueno), empanadilla vegetal, especie de bola de almendra, peanuts especiados. ketchup y té. El matrimonio a mi lado se toma la bola de almendra con cuchara. Yo a mordiscos. Dejo los peanuts para más adelante. Rematan la comida con un tubo de pasta de dientes. Nadie se agolpa en los western toilet. Yo tampoco me lavo los dientes. Guardo la pasta.



***


¿Cuál es tu mirada entonces…

India. Entrada.

Sales del avión. Coges el metro. El metro parece sacado del futuro, un metro que toda ciudad desearía tener: limpio, rápido, con información precisa de dónde te encuentras y cuánto te falta para llegar a tu destino (unas lucecitas azules se van encendiendo entre el nombre de una estación y otra a medida que avanzas). Incluso una luz roja te indica por qué puerta salir (derecha o izquierda). Ningún olor, ningún ruido perturba este universo organizado en luces de colores. Nada te hace sospechar lo que habita en la superficie, las riadas de gente, la ciudad palpitante.
Sales del metro. Te invade la oleada de personas, el perfume inciensado de pobreza. Atraviesas la calle negándote a todos los ofrecimientos, que pasan de la asertividad a la violencia. No, thank you, con tu ropa europea y tu piel extremadamente pálida y tu suficiencia. El hotel está cerca. Miras otra vez el plano: Sólo hay que coger esta calle, asegurarse del nombre en una placa, luego contar tres perpendiculares, torcer …

Contra el silencio

Habrá alguna manera
digo yo
de preparar a las mujeres
para el silencio de los hombres
Ese silencio-trampa que controla
acciones y palabras.
Tiene que haber, entonces, algún modo
de evitar ese daño,
de resistir airosas a ese mudo reproche
sin suplicar palabras
sin salpicar renuncia entre suspiros.
Maneras
de asimilar silencio
sin miedo al abandono
ni al final siempre temible, formas

de navegar por esas olas calladas
como las mariposas sobre las tempestades
admitiendo la muerte, la soledad
como otro camino posible, no tan malo ni cruel
Las palabras no son siempre eficaces
contra el silencio , el mar,
el caos, el dominio, el poder,
el castigo.