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Guía de etiqueta para pobres

Estimado pobre,

es nuevo en esto. Es la primera vez que pisa este lugar sagrado, este anfiteatro. Lo sabemos, y por eso no queremos dejar pasar la oportunidad de ofrecerle unos cuantos consejos que puedan resultarle útiles a la hora de integrarse en la vida de la cámara, a la vez igual y diferente de la vida real.

1. La ropa. Es muy importante llevar la ropa adecuada. Puede olvidarse de todo lo demás, pero haga el favor de recordar la ropa. Debe ser ropa barata, de alguna cadena tipo Zara, Mango o Pull and Bear, pero que imite lo mejor posible la ropa cara. Tiene que ser una copia, ejecutada con precisión pero sin perder su idiosincrasia mimética. No lleve nada de firma, ni excesivamente caro, manténgase en un precio asequible para todos los bolsillos. Su ropa ha de ser parecida a la nuestra, pero nunca igual. Es importante que la diferencia se mantenga, sin renunciar por ello a la elegancia o la homogeneidad. Olvídese de atuendos juveniles, coloridos o que llamen la atención. A cualquier gremio le incomoda especialmente no reconocer en sus colegas un espejo de sí mismo.

2. El olor. Quiera usted o no lo quiera, traerá al congreso ese olor a pobre del que resulta tan difícil desembarazarse. Si usted no lleva la ropa adecuada, o no ha pasado por la peluquería, ese olor se verá incrementado. Le aconsejamos que visite los museos, los teatros, las óperas y, en fin, cualquier lugar donde vayan los ricos, con perfumes caros y olor a clase social alta. Estos lugares se le pegarán a la piel y harán que usted lleve un olor adecuado, un olor aceptable.
Evite pasear por barrios como Usera o Estrecho, donde hay altas concentraciones de olor a pobre. El pobre siempre huele mal. Convénzase de esto. No frecuente pobres, porque el olor, como la pobreza o la enfermedad, son contagiosos, víricos, pegadizos. Y sobre todo no traiga ese olor a pobre a nuestra presencia. Nos tomamos la profilaxis muy en serio.
Olvídese de visitar casas humildes. Si acaso vaya a ver a su madre, pero vaya con su traje bien planchado, su falda de tubo, su corbata, sus medias de 300 deniers, para que su mamá se siente orgullosa y lo admire. La admiración huele bien, la admiración baña de aroma a albahaca y cedro cualquier ambiente. Así que –en este caso y sin que sirva de precedente– no se preocupe por el olor a croquetas y a guiso (comida de pobre) y déjese impregnar por la admiración ajena. Respírela muy fuerte y se irá traspasando a su piel. Eso sí, por nada del mundo se queda a dormir. Las sábanas de pobre dejan un olor muy desagradable, que no se puede quitar ni con los geles de ducha l'Occitaine de lavanda.
Visite El Corte Inglés. Compre un perfume caro. Ni se le ocurra comprar el perfume en otro lugar. Todo acto teatral requiere su escenario preciso. Sin embargo, no se embadurne de perfume. Unas cuantas gotas bastarán para que lo aceptemos en la manada, para que lo reconozcamos como uno de los nuestros.

3. Lo extravagante. Evite a toda costa llevar cualquier cosa que llame demasiado la atención: rastas, joyas ostentosa, uñas largas, un pañuelo en la cabeza o un color de piel excesivamente negro. Manténgase todo lo blanco que pueda. Si es posible que usted sea un hombre, mejor, el hombre es más neutral, no resalta a la vista, se mimetiza perfectamente con la representación que de sí mismos tienen los votantes (sean estos hombres o mujeres). Procure por todos los medios ser un hombre. Si no tiene más remedio que ser mujer, trate de resultar lo más hombre posible. En estos círculos, ser hombre blanco se considera de un buen gusto exquisito.
Si, pese a todo, a usted se le nota mucho su extravagante sexo, por unos pechos demasiado abultados, una vos muy aguda o hijos, evite que estos elementos sean visibles.

4. Tiene usted terminantemente prohibido dar el pecho en el congreso. Tiene que ser consciente de que está haciendo un trabajo de hombres, que los cuidados no son compatibles con el hecho de tomar decisiones importantes. También se deberá hacer cargo de que ninguno de los presentes tienen que soportar el olor, los llantos o la atención de un bebé. Solo los pobres van pegados a sus crías, como animales maleducados. Aquí no aceptamos que los hijos formen parte de la comunidad. Sus niños, al igual que sus ropas, deberán ser una copia barata de nosotros mismos. Deben estar confinados a guarderías, este no es lugar adecuado para dar el pecho, ya que entendemos que es antihigiénico y obsceno, que se aleja de la masculinidad aséptica que ha de reinar en este recinto sagrado.


Sin otro particular, le damos la bienvenida, esperamos llevarnos bien y que nuestros consejos le ayuden a integrarse, a mantener el estatus y la imagen de este lugar en su sitio, neutral y elegante, como siempre ha sido y como siempre habrá de ser.








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